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Alfred Nobel

 

Tú ya no tienes futuro.
Harmonie Botella Chávez

Son las seis de la tarde. Si María no llega más pronto de la compra, tendrás que dejar a los niños solos para ir a dar una vuelta con tus amigos. Esta mujer se olvida de todo. Sabe muy bien que sales todos los días a estas horas para relajarte y olvidar tus problemas laborales, para olvidar que tienes que trabajar ocho horas diarias para pagar las letras, la comida, para olvidar que el matrimonio no es lo que tu pensabas, para olvidar que creías que tu vida de casado sería semejante a la de soltero con la única diferencia que Maria estaría a tu lado, siempre tan guapa, tan sonriente.

Maria ha cambiado. No es la misma. Ya no se ríe como antes. Tiene una mirada de reproche que te ofende. No dice nada. Solo mira y suspira.

Miradas y suspiros. No sabes lo que quiere.

Antes por lo menos, protestaba, gritaba... sin ningún resultado... y sabías que tenías una esposa a tu lado.

¿Por qué ha dejado de protestar y de gritar?

Una mujer sin voz es como un fantasma... un fantasma errante...un fantasma en pena... en pena ¿de qué?

No quiere tener más hijos. Con los dos que tiene, dice que ya le sobra. A ti te hubiera gustado que naciera una nena para alegrar vuestro hogar... una nena rubia como ella, pero simpática como tú, una nena que te hubiera cuidado al llegar la vejez.

Pero Maria se ha vuelto inhumana. Decidió acabar con su tercer embarazo antes que alguien sospechara de lo que fuera. Se lo prohibiste. Pero te dio a elegir: si no abortaba, se suicidaba. y es una mujer tan rara que tuviste que ceder.

Si no se hubiera hecho esta ligadura de trompas hace poco, aún podrías soñar con esta nenita rubia, guapa y simpática...

Abres la puerta de casa. No hay nadie. Pepe se ha marchado con los niños y el perro.¡ Que suerte! Tienes dos horas para ti sola antes de que vuelvan. Tenías pensado hacer una cena especial. No pasa nada. Guardas la compra en la nevera. La cena especial la harás mañana.

Tu vida está hecha de” mañanas” que no existen. El mañana y el ayer son idénticos.

Tu vida es igual a un reloj. Los segundos, los minutos, las horas pasan sin que el tiempo avance .No sabes quien eres, ni lo que fuiste, ni lo que serás.

Las lágrimas van derramándose como un río sin rumbo en tu garganta, tu cuerpo y tus ojos siguen secos, secos como tus sentimientos, tu sufrimiento.

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