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Alfred Nobel

 

Un día como cualquier otro

Harmonie Botella Chávez

Hoy, llegas contento y feliz. Es domingo. Tu mujer habrá preparado una comida exquisita, un postre de película y habrá puesto la cubertería de plata.

Has pasado la mañana con tus amigos, riendo y tapeando. Una cerveza tras otra cerveza. Uno vinito tras otro vinito dan más alegría a la vida. Esperas que tu mujer no se haya pasado la mañana elaborando guisos y guisos porque realmente no tienes hambre. Los calamares a la romana y el pulpo a la gallega que te has tomado hace un ratito te han cortado el apetito.

A ella no le extrañara. Comes poco.

Abres la puerta de casa y ahí está. Es día festivo, la hora de comer y allí está ella con el chándal puesto intentando arreglar la lámpara del salón porque vienen vuestros amigos a tomar café y no tiene ganas que vean lo abandonada que está la casa.

Que manía con la casa. Además de trabajar fuera, en un despacho, Maria limpia, lleva, ordena la casa. Le gusta que esté todo ordenado. Un punto a su favor. Se ha dejado sus clases de inglés ya que con tanto trabajo no le da tiempo a descansar ni un minuto. Lo de las clases de inglés es una pena. Sacándose el título superior, que le faltaba poco, subiría de categoría, ganaría unas seis o siete mil pesetas más y podrías comprarte a plazo este televisor, pantalla plana que te gusta tanto.

No entiendes como tu mujer se ha dejado las clases. Al fin y al cabo el trabajo de la casa, lo puede hacer una vez que los peques estén acostados.

No sabe organizarse, porque cuando los niños están acostados se pone a arreglar los grifos que no funcionan, las bombillas fundidas. Como si todo esto fuera importante.

No comprendes por que tu mujer ha perdido su atractivo. Cuando erais novios, llevaba pantalones ajustados, mini-faldas, el pelo siempre lisito y un maquillaje de portada de revista del corazón.

Ahora, muchas veces cuando llegas de tus vinitos, lleva los rulos puestos y se depila las piernas a toda pastilla: tiene que llevar a los niños a una fiesta y no tiene tiempo de pasar tres horas en la pelu. La verdad es que si se cortase el pelo a lo chico, y llevase siempre vaquero no tendría estos problemas.

Por regla general se acuesta a las once y media porque está “reventa”. No quiere quedarse contigo para ver la tele. Así que cuando te metes en la cama... y te gustaría algún cariñito la muy zorra se hace la dormida. Pero tu ya sabes que no es verdad, porque la oyes llorar. Dice que está deprimida

A buena hora inventaron la depresión. Tu mujer no puede estar deprimida... No tiene tiempo. No tiene tiempo ni para pensar lo que se va a poner el día siguiente para ir a trabajar, ni para ir al médico cuando le da guerra la úlcera.

No tiene motivos para deprimirse. Tenéis todos los electrodomésticos posibles, los niños han dejado ya de llorar por las noches y cuando algún familiar puede quedarse con los chavales le da hasta un momentito para acudir a su asociación de mujeres para... ¿para qué?

Esperemos que esto no sea una secta ni algo por el estilo. Bueno si le enseñan a coser ya no habrá que pagar a la señora que viene cada quince días a arreglar la ropa.

A las mujeres, no hay quien las entienda. Se quieren casar, trabajar, tener hijos y después se quejan. Si no están contentas que no se casen. A ver lo que harán por las noches en la cama ellas solas.

Aunque dicen por ahí que las mujeres se las pueden ventilar muy bien sin nosotros.

Pero vamos a ver. Si viven solas y hacen lo que quieren, gastan su dinerito sólo para ella, ¿quién se ocupará de los niños, de la comida, de la casa, del perro, de la economía familiar, de trabajar fuera... y además de darnos alegría por las noches?

Si coges a una mujer de la limpieza para todo esto te resultara muy caro y para postre no está muy claro que tengas derecho a roce. Una profesional de la vida alegre, tampoco es plan. Te puede transmitir una enfermedad, lo hace muy rápido y además cuesta un ojo de la cara si te buscas a una que no esté muy mal ni muy mayor.

Que complicada que es la vida. Más vale que te quedes con María, es más rentable, limpia y segura.

Si no fuera por sus “depres” todo estaría muy bien. Pero ya se sabe que la mujer es un ser incompleto, con menos fuerza e inteligencia que un hombre.