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Alfred Nobel

 

La flor de la esperanza

Autora:
Botella Harmonie

 

Por unas tierras perdidas en el aquilón del hemisferio, vivía una niña que suspiraba por tener unos padres. Abandonada desde su nacimiento en una aldea lluviosa compartía la vida de unos campesinos. Compartir es mucho decir. La pobre niña estaba al cuidado de la casa y de la granja del amanecer hasta el final del día.

Cuando se iban todos al campo, Noemí, que así se llamaba, recogía la casa, limpiaba la chimenea, preparaba la comida, arreglaba el establo y volvía a entrar paja para los animales. Por las tardes, después de fregar los platos, limpiaba el gallinero, echaba pienso a los pollos, gallinas y patos.

Un día, mientras estaba lavando la ropa en el agua helada del río, apareció un hada guapa y sonriente. Con su varita mágica calentó el agua del río y desapareció. Era la primera vez que Noemí no se congelaba las manos enjabonando las sábanas. .

Al día siguiente, cuando limpiaba el establo volvió a aparecer la bella mujer. En un santiamén, con su varita mágica, hizo que el lugar quedara reluciente, sin olores... Por desgracia el hada volvió a desaparecer sin hablar.

Noemí deseaba conversar con la bella dama, pedirle que le ayudara a salir de este lugar y encontrar a unos padres que la amaran.

Al tercer día, se iluminó el bosque donde la niña recogía la leña, la dama regresó rodeada por unos halos de colores, luces y melodías. Noemí le dijo:

"- Bella Señora, no se marche. Me gustaría que pudiésemos hablar un poquito. Quiero salir de este sitio pero no sé como hacerlo".

El hada madrina le contestó con una sonrisa triste:

"- No tengo la facultad de conseguir todos los deseos. Una bruja me hechizó y me quitó parte de mis poderes. Pero si tú me ayudas podremos romper el embrujo."

_" Bella Señora, estoy dispuesta a hacer cuanto me pidáis para libraros de este conjuro."

La dama siguió hablando con voz afligida y apagada:

"- Este embrujo solo se quebrantará, el día en que alguien pueda transformar el monte de hielo que está al final del pueblo en un lago de agua caliente"

La mujer desapareció dejando detrás de ella un arco-iris inmenso.

Noemí comprendió que esta tarea era muy difícil de efectuar. Por mucha leña que cortara y prendiera fuego cerca del monte nunca podría derretir tanto hielo para luego transformarlo en un lago de agua caliente.

Noemí empezó a llorar desconsolada. Nunca encontraría un hogar y una familia que la quisiera y la mimase como a los demás niños.

Regresó a casa y cuando después de cenar, se acostaron todos, se quedó acurrucada frente a la lumbre que ardía en la chimenea. Cuando tocaron las doce campanadas de media noche, aparecieron entre risas, cascabeles y melodías dos elfos del bosque. Vestían unos trajes llenos de colores luminosos que rompían con la oscuridad de la noche. Sus caritas de niños traviesos sonreían al decir:

_" Noemí, nosotros podemos ayudarte. Sabemos cómo anular el conjuro de la bruja. Sólo tienes que plantar en la cima de este bosque la Flor de la Esperanza que crece escondida en la Gruta del Silencio."

-"¿Y cómo encontraré la gruta y entraré en ella? Todos cuentan que está escondida en medio del bosque. Nadie la ha encontrado."

Los elfos se rieron y le dijeron:

"- Si hasta ahora nadie ha podido entrar, es porque ninguna persona ha respetado las reglas. Este lugar se llama la Gruta del Silencio, por lo tanto una vez que llegues a ella no podrás hablar".

Noemí preguntó de nuevo a los elfos:

¿" ¿Cómo hallaré el camino?"

Los elfos le respondieron que para eso tenía que encontrar el pájaro embrujado del bosque y que él le daría las instrucciones necesarias.

 

Cuando al amanecer todos marcharon al campo, Noemí cogió unos trozos de pan para el viaje, una toca de lana del ama de la casa, los zuecos de la hija mayor y comenzó su camino.

Llegó al bosque y se adentró en él con mucho miedo. Todos sabían que ahí vivían los lobos más crueles de la región. Tuvo suerte, la rondaron pero no le hicieron nada. Al poco tiempo, se le acercó el pájaro embrujado. Sus alas reproducían todos los colores del arco iris y su canto embelesaba a todo ser viviente. Le preguntó lo qué buscaba. Y ella contestó:

-" Busco la Flor de la Esperanza que está escondida en la Gruta del Silencio".

El pájaro le explicó que para poder llegar hasta la gruta, tenía que cruzar el río que atravesaba el bosque, sin utilizar ninguna barca.

Noemí alcanzó el río y no supo lo que tenía que hacer. Un cisne negro se le aproximó y le pidió algo de comida. A Noemí le quedaba únicamente un trozo de pan que había cogido para almorzar. A pesar de tener mucha hambre, le regaló al cisne lo que tenía. Cuando acabó de comerlo, el cisne le dijo:

"- Para agradecer tu generosidad, cumpliré un deseo tuyo. ¿ Que quieres qué haga?"

Entonces Noemí le pidió que le ayudase a cruzar el río para alcanzar la Gruta del Silencio que se encontraba muy cerca.

Al lograr descubrir la puerta de la gruta se dio cuenta que no tenía suficientes fuerzas para abrirla. Se acercó un temible oso y le pidió la toca de lana para abrigar a sus oseznos que temblaban de frío. Noemí le regaló la prenda y el oso para agradecer su generosidad abrió la puerta de la Gruta.

La niña se introdujo en la gruta e intentando no hacer ruido fue andando hasta cruzarse con unos gnomos que empezaron a preguntarle su nombre, su edad... Recordando las normas de la Gruta del Silencio, no contestó. A medidas que avanzaba, la luz iba clareando e iba descubriendo las maravillas que se escondían en el interior. Por fin descubrió la Flor de la Esperanza. Resplandecía en medio de un jardín de ensueño. Una música muy dulce bañaba el ambiente.

Noemí cogió la flor y dio media vuelta hacia la salida. Allí le esperaban el pájaro embrujado, el cisne y el oso para conducirla en una calesa hacia el monte helado.

Cuando la niña plantó la flor en la cima del monte, el sol calentó el hielo hasta derretirlo y convertirlo en un lago de agua caliente. En el centro del lago resplandecía la Flor de la esperanza.

Por fin apareció el hada madrina de Noemí, liberada del conjuro que le impuso la bruja.

Con su varita mágica, transportó a Noemí a una bella casa, donde le esperaban unos padres cariñosos.

A partir de ese día Noemí vivió feliz, rodeada por unos padres que se desvivieron por ella.

Y colorín, colorado este cuento se ha acabado.