Poemas y Relatos. Portal de Literatura.



Alfred Nobel


 


EL GATO


Cuando nos pasamos a la casa, el olor a viejo fue lo distintivo. Sábanas blancas cubrían los muebles como intentando protegerlos del tiempo. La primera tarde la labor fue acomodar cosas, e intentar distribuir en el espacio de dos plantas, lo que normalmente ocupaba tres. El olor a moho y humedad, penetraban las narices, y la sensación de estar en un pasado inmemorial pululaba en mi interior.

En medio del trajín de todas esas tareas, mientras intentábamos imaginarnos el sentido como deberíamos poner la cama y el sofá, apareció, quién sabe de dónde, un gato. Era amarillo, mimoso, con una mirada muy intensa en profundos ojos verdes, y nos proporcionó distracción en el tedio de acomodarse a una nueva habitación.


En la noche, muy de madrugada, escuché ruidos. Descendí las escaleras, intentando descubrir el origen de tan peculiar sonido. Se antojaba rasposo o de algo frotándose contra alguna cosa. Ya casi al final, advertí al felino y estuve a punto de retornar a la comodidad de mi alcoba, cuando de súbito lo vi empujar la pared y desaparecer. Intentando no espantar al animal con mi presencia, me acerqué al sitio donde se esfumó de mi vista y descubrí una puerta. Tomé una cajita de fósforos, y empujé el acceso.

Descubrí una escalera descendente por la cuál bajé lentamente. Pareciera como si el minino deseara ser seguido, pues su pausado andar sugería esta idea, por lo que debí bajar un escalón a la vez para no perder el paso. Debieron no ser muchos escalones, pues de pronto sentí un piso como de linóleo, resbaloso. Encendí un cerillo. Una enorme estancia apareció ante mi vista a la débil luz de la llama. No creí fuera tan grande. Me había imaginado una bodega de vinos o alguna clase de sótano, pero aquello parecía ser la extensión de la casa misma.


Al final de la enorme habitación, nuevamente apareció ante mi vista el felino. Sus maullidos parecían querer indicarme la idea de seguirlo. Me acerqué lentamente, deseando no asustarlo. En esa parte, una nueva puerta comunicaba con otro cuarto. Al igual que en el resto de la casona, los muebles estaban vestidos con la mortaja blanca como si el tiempo se hubiera detenido. Fue entonces cuando sentí un escalofrío. El tic tac de un reloj lejano, me produjo una extraña sensación.

Como si algo se moviese en ese lugar, como si en los pasillos de arriba deambulara alguien con una veladora en la mano, intentando descubrir a un intruso. Deseé volver arriba e intenté desandar el camino, pero no pude. El gato me observaba con un acucioso interés, cual si hubiera cumplido una tarea que le había sido encomendada. Su mirada rebelaba la percepción de mi propio temor.
"¿Qué quieres?", le inquirí.

Por toda respuesta, maulló frotándose contra mí, cual si deseara absorber mi alma.
En mi desesperación, me consolé con la idea de que al amanecer todo ese episodio se antojaría ridículo. Pero nada cambió mi aturdimiento. Caminé a lo largo de todo el sitio, buscando el lugar de ascenso. Descubrí otra habitación. Al fondo tenía un espejo. Me acerqué a este, y a través suyo, vi la figura de mi esposa durmiendo plácidamente en la cama, con los muslos medio cubiertos por la sábana.


Toqué el cristal, pensando que mes escucharía. No sucedió nada. Quizá si lo rompía, podría retornar al dormitorio para olvidar esta pesadilla. Con una silla lo destrocé casi por completo... Pero fue inútil. A cada golpe, sólo borraba la imagen de ella, y a cada pedazo, la perdía más de vista. El reloj continuó con su monótono sonido...Como si raspase. El gato me observó una vez más, con esos ojos sin tiempo que parecían absorber mi interior...Se frotó una y otra vez contra mi pierna...Y maulló.

AUTOR : JESÚS QUINTANILLA OSORIO.






 

 

 

Poemas y Relatos