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Alfred Nobel

 

EL AMIGO MISTERIOSO

 

Esa noche, mientras la lluvia se desleía con firmeza, ella fumaba bastante preocupada.
Desde la tarde anterior, cuando Ron había salido por cigarros, la única noticia de su paradero, significó una llamada cerca de medianoche, con la voz pastosa de un borracho. Pero no era su voz, la voz la recordaba la de alguien, que no podía ubicar en su pasado.
"Lo tenemos, querida"
Y aunque se disimulaba con seseos y frases cortadas, se advertía la voz de un hombre mayor, de esos que saben como jugar una mala pasada.
"No te comuniques con la policía, linda, tú sabes que queremos y te lo devolveremos" Y no supo que contestar.
No tenía la menor idea de qué buscaban o para qué.
Ron se dedicaba a la ingeniería civil y no era precisamente brillante, si no más bien mediatico, un poco desajenado de la vida social, pero un estupendo buen amigo. Quizá como amante no tenía el nivel de otras aventuras, pero se compensaba con su bondad e inocencia. No entendía como alguien querría hacerle daño.
"A las diez, queremos que vengas sola y sin policías a un kilómetro a la redonda, o lo mataremos", y aunque ya eran las ocho, todavía no contaba con ningún plan.
Su reloj marcaba las nueve y diez cuando se encaminó al lugar asignado.
La gravilla en el piso, producía un crujir muy singular.
Advirtió de súbito el ruido de una pisada.
¿La seguían?
Atemorizada, apresuró su camino. La lluvia se apretujaba ante su vista, y casi no veía nada.
A escasos cincuenta metros del punto convenido, sintió una presión singular en su hombro.
Un pequeño ser, de unos veinte centímetros, la observaba. Parecía como un osito, pero además de erguirse en dos pies, hablaba.
"Te voy a ayudar", le dijo.
Ella pensó que, aunado a todos sus problemas, uno más grave se manifestaba, porque estaba quedando loca.
Apresuró su andar sin hacer caso del pequeño ente.
"No creas que es tu imaginación ni el producto de la desesperación. Voy a ayudarte...He visto todo y puedo detener el tiempo, si logro mantenerlo unos minutos para ellos, tú puedes liberar a tu amigo y se van de aquí"
Cuando estuvo a escasos metros, decidió que intentaría todo. "Esta bien...Ayúdame, quién quiera que seas", y de pronto, mientras los veía, distinguió a Ron, amarrado de las manos y con un esparadrapo.
Entonces, el tiempo se detuvo...Quedaron estáticos, y sólo ella podía moverse. Corrió hacia Ron, lo desató y en el auto de los tipos, se alejó del lugar...
El tramo quedó atrás, mientras una luz en su panorámico, le mostró la estela de la nave del pequeño ser.
Nunca le contó a Ron la experiencia, y cuando por fin se casaron en Marsella, muy lejos de donde había sucedido todo, cada noche buscaba en el balcón, algún rastro de su misterioso amigo...¿habría sido un ángel, o un extraterrestre?
Jamás lo sabría.


AUTOR: JESÚS QUINTANILLA OSORIO.