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Alfred Nobel

 

 

EL CORAZÓN DEL VERANO

ALGO MÁS QUE PALABRAS
Autor : Víctor Corcoba Herrero

 

Quién más, quién menos, busca compañero o compañera para dejarse acompañar y sentirse acompañado. Ha llegado el verano, tiempo propicio para descubrir entornos y edades, para navegar por caminos y reencontrar horizontes, para cultivarse en infinidad de cursos de verano, que son auténticos foros de aprendizaje, intercambio e integración; o también para olvidarse del reloj y no fichar ni para las horas del almuerzo. Ha entrado el verano, y ahora es el momento oportuno de empezar a hacer planes y propósitos de ponerse en forma

Ya se sabe, el culto al cuerpo, es lo que mola. Los niños ya tienen sus calificaciones al esfuerzo, a la vagancia o a la incomprensión. ¡Quién sabe! Y los mayores ya tienen a los niños en la casa todo el día, salvo los que van a campamentos que cada vez son los más.

En cualquier caso, hemos de reconocer que el turismo rural se ha puesto de moda. Es más barato y más ecológico. Pero todavía no menos barato que la aventura de leer un libro, se lo advierto. Sin embargo, es cierto que los pueblos, tienen tras de sí historias increíbles, gestos que nos recuerdan el tiempo, un don que se nos dona para vivirlo y no malgastarlo. ¡El tiempo es vida! De nosotros depende qué hacemos con la vida.

El hombre puede desperdiciar o perder el tiempo; puede malgastar o matar el tiempo. Sin embargo, también existen otras posibilidades. El tiempo se nos da para utilizarlo y colmarlo. El tiempo bien empleado, también el del verano, es tan valioso que nosotros, podemos darlo y disfrutar, beberlo y vivirlo. Y así, puede ser un momento ideal para hacer familia, unir amigos, existir para los demás y para uno en los demás, ligarse corazones y practicar el amor de amar amor, que buena falta nos hace.
Veranear es, pues, un deporte de fugas, de transigir horarios, de alocarse al ritmo de la canción del verano. En verano todo se abre y se transparenta: la minifalda de la nena, el abrazo y el beso de la complicidad, y surge la confidencia de los conversadores. Este verano tenemos un nuevo plus de cariño, el de los políticos.

Las elecciones están a la vuelta de la esquina. ¡Ojo, con sus carantoñas!, que no es verdad todo lo que reluce. Prefiera otras miradas, las que se rozan por azar, y si nadie se le roza, haga poemas a los deprimidos que se ponen a tostar al sol. Todo menos venderse por cuatro euros que la vida es corta. Sí ha de sumarse a algo, que sea a festines que le destornillen de risa gratis.

No se confunda de tecla: el verano es tiempo de amor, de amor a primera vista, aunque luego resulte de usar y tirar. El verano es el verano y todos quieren, o queremos que uno tampoco es de barro, juntar pechito con pechito. Es la moda, aunque luego en el otoño, sea la monda.

Llegado a este punto, yo me pregunto: ¿Por qué llamar amor a lo que sobreviene como un cigarrillo que se enciende? El amor es algo más que una aventura, que un sucedáneo para complacer el instinto. El amor es verano y otras estaciones. El amor es sexo y otras cosas. El amor, antes que la penetración ha de buscar la compenetración, y ha de caminar como el verso, desde la autenticidad. Por ello, el amor es una señal de madurez que a su vez nos madura y nos hace crecer por dentro.

Ese amor que nos sazona puede ser una buena inversión de futuro, ante el trajín de personas del norte al sur, del este al oeste, que nos visitan. Ya no hay fronteras. ¡Qué bien! El turismo puede hacernos cambiar o al menos reflexionar. Aumenta el deseo generalizado de "redescubrir" la naturaleza, conocer a otras personas y hacer nuevas experiencias en otros mundos.

A todo ello, nos ayuda la tecnología, ofreciéndonos nuevos contactos,viajes familiares y comunitarios, e intercambios de visitas entre personas, especialmente jóvenes, de diferentes ciudades y naciones. Todo es posible. Sea como fuere, el turismo puede convertirse en espacio providencial de encuentro y valiosa ocasión de solidaridad. O lo que es lo mismo, un tiempo para reeducarnos.

Sin duda, el turismo debe ser un instrumento de diálogo, porque nos ayuda a conocernos más, y a respetar otras identidades, cuestión, que ha de influir en la vida de las personas y de las naciones. Es preciso hacer todo lo posible para que el turismo no llegue a ser, en ningún caso, una forma moderna de explotación, sino que sea la ocasión de un útil intercambio de experiencias y de un diálogo fructífero entre distintas civilizaciones.

En una humanidad globalizada, como la que nos espera, o la que se nos viene encima, el turismo es a veces un factor importante de mundialización, capaz de promover cambios radicales e irreversibles en las culturas de las comunidades receptoras. El turismo pone en contacto con otras maneras de vivir, otras religiones, otras formas de ver el mundo y su historia.

Eso lleva al hombre a descubrirse a sí mismo y a los demás, como individuos y como colectividad, inmersos en la vasta historia de la humanidad, herederos de un universo, a la vez extraño y familiar, y solidarios con él. Surge así una nueva visión de los demás, que evita el peligro de permanecer replegados sobre sí mismos.

Es la hora, pues, de mirarse más allá del propio ombligo, y sí hemos de compartir mantel y mesa, que sea para bien.¡Qué ustedes empiecen a gozarlo!. Se ha cobrado la extra, aunque halla que pasar por taquilla para abonar la "juerga" de la huelga. Todos tan contentos. Eso sí, cuando vayan de vacaciones, por favor, no dejen a los abuelos en las gasolineras como un perro. Sean felices y coman perdices, que se dice en estos casos.

Autor : Víctor Corcoba Herrero