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Alfred Nobel


Los ojos del alma:



Solo los ojos que perforan los contornos superficiales de las cosas son capaces de ver.
Todo lo demás es un espejismo surrealista
preconcebido en la ceguera inconsciente de la mente.

La belleza verdadera subyace en el interior. A veces de una manera tan obvia, que de tanto serlo, no puede ser creída.
Sin el complejo significado que le damos a cada hecho, la naturaleza y hasta el universo mismo dejarían de tener secretos. Seriamos libres para ver sin desesperar... abstraídos de los temores más diversos concebidos por millones de generaciones humanas inmoladas en la absurda levedad de su ser.

La levedad y la intensidad, dos caminos antagónicos. El uno conduce al común y a la muerte definitiva. El otro, nos convierte en seres especiales con el don de trascender.

Todos tenemos una oportunidad, o varias. Pasamos por la vida sembrando hitos. Cada hito es un punto de inflexión que construye nuestro destino. Esos hitos no tienen que ver con lo físico y en un todo tienen que ver con los sentimientos. Queda claro, la sensibilidad se ejercita. Elegimos donde dirigir nuestra vista y aún cuando miramos, también podemos elegir no ver.
Pero además de posar la mirada en algo o aún después de tomar conciencia y razón de un hecho, decidimos en que lugar del alma lo guardaremos. Existe una memoria del alma y como la memoria del cuerpo, su sensibilidad se ejercita.

Despojarse del peso insoportable de la levedad y generar un autoespacio que trascienda la trivialidad terrenal, es nada más comenzar a ver con los ojos del alma y no hacerlo ya jamás con la lupa de la sin razón.

Entonces..., cuando estemos seguros de estar viendo, demos un paso más. No todo es lo que parece y no todo se parece a algo que se encuentre ya guardado en nuestra mente.


Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.